Con todo el cariño del mundo, mi amiga Mireya me dijo hace poco que tenía que cerrar este blog, que me denigraba y me faltaba el respeto a mi misma. Le respondí que usaría sus palabras para escribir un post. Ella asegura que son muchos a los que el blog desagrada; que es demasiado triste, deprimente, que no aporta soluciones y que debería cambiar el rumbo de mis pensamientos. Tiene razón, aunque la realidad es tozuda y va en otra dirección. En dirección contraria.
Hace un mes tuve una entrevista de trabajo (en seis meses he logrado que me citaran dos veces). El tipo con el que quedé hablaba como un charlatán, me llamó nena, cariño, reina y guapa varias veces, y a pesar de todo acudí a la cita. Llovía, hacía frío y yo estaba de mal humor. No importó, me maquillé, me pasé el secador y la plancha por el pelo, traté de vestirme de otro color que no fuera negro y forcé la mejor de las sonrisas mientra cruzaba el vestíbulo del Hotel Colón. Tras una hora larga de parloteo, supe que yo iba a ser la jefa de la sección de internacional de nuevo periódico que mi querido amigo iba a sacar para mostrar su indignación con el mundo. Se trataba de escribir unas diez páginas a la semana, reina. Me daba toda la confianza para decidir los temas, que tu eres lista, guapa, y de la opinión se encargaba él. Había que tratar las historias con profundidad, pero sin complicaciones, para que lo entendiera todo el mundo sin aburrir, cariño. Buscar temas propios, enfoques diferentes, buenas fotos y mejor diseño.El trabajo parecía interesante, con un jefe loco y algo indocumentado (no sería el primero), pero con posibilidades de aprender y desarrollar mi experiencia.
Sí: 400 euros brutos al mes. Los impuestos te los pagas tú, guapa.
Y luego me hablan de respeto.
diez euros por página...menos impuestos. Si fueran los años 70 , estaría bien.
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