Por Sergio Heredia
A veces, algunas veces en la vida, el demonio viene y te come las entrañas. A veces lo ves venir. No siempre.
Hace dos años, cuando me preguntaban cómo me iba, sólo atinaba a dar una respuesta: “Mejor no me puede ir, y no sé si me gusta: significa que sólo me puede ir peor”.
¿Y bien? Silvia y yo nos acabábamos de casar, ambos teníamos sendos trabajos sólidos, bien considerados y bien remunerados. Esperábamos a Julia, nuestro bebé. Vivíamos en Madrid y conservábamos nuestra casa en Barcelona. Éramos jóvenes. Nos iba bien…
¿Y bien? Así somos: cuando las cosas van tan bien, te entra el vértigo. Viene el demonio y te come las entrañas.
Todo vino de un tirón, que es como vienen las cosas malas. Se rompió la olla. El traumático regreso a Barcelona trajo consigo la incertidumbre y el remordimiento. De repente, teníamos un bebé mientras Silvia perdía el trabajo. De repente, todo el peso del plan perdía una pata y se quedaba sobre una única columna. La mía. Y, claro, algunos asuntos aparecían en escena. Reproches y disputas familiares impensables en otro momento e irreproducibles en este, por mucho que este sea un blog concebido para quitarnos las caretas. Insomnio. Un nudo en el estómago y una caída generalizada del cabello. Las canas en la barba. La sensación de que todo se puede ir al garete ahora, justo ahora que hemos tenido un bebé.
A partir de aquí, se asoma el miedo. Las cosas ya no van tan bien, sino más bien regular, y desde luego que esa tampoco es una buena perspectiva. Porque todavía pueden ir peor. El demonio en las entrañas está ahí, recordándomelo.
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Entre el cielo y el infierno a veces tengo dudas. Las cosas no van bien ni mal,en el fondo simplemente van. Que te caiga el cabello va bien, así no te lo volverás a teñir de colores estrambóticos. Que te pelées con Silvia prueba que tu matrimonio va bien. Julia es sinónimo de renuncia a muchísimas cosas (y eso es algo que la gente obvia). El insomnio...¡pon la tele y mira a los telepredicadores y vendehumos que hay, te esconderás debajo de la manta!. Apaga la tele y el ordenador, abre tus ojos capullo!
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