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jueves, 16 de febrero de 2012

Sin identidad

Sé cómo y cuándo empezó todo. Estaba en la facultad de Psicología, no recuerdo cuál era la asignatura, pero sí el nombre del profesor: Carlos Moreno. Se había formado en Estados Unidos, lo que se notaba en sus métodos, que enloquecían al alumnado. Se notaba también en su forma de vestir: traje y corbata impolutos, media melena repeinada , buenos relojes y gafas de carey. Además, era guapote. Enloquecía a muchas.
Fui su alumna en Primero de carrera y lo volví a tener en Tercero. Fue entonces cuando todo comenzó, cuando ese amor nació, al parecer, para quedarse.
Carlos Moreno nos pidió a los alumnos que asistiéramos a obras de teatro, a conciertos, que visitáramos museos, exposiciones, que leyéramos libros, periódicos, revistas. La mayoría de los estudiantes nos lanzamos a la calle. Después de cada una de nuestras visitas, debíamos escribir una reseña.
La página en blanco: esa fue mi primera vez. La primera vez que me senté ante el ordenador con toda la información en la cabeza y todas las posibilidades abiertas. Y empezaron a brotar las palabras, mi cerebro bailaba en fiesta, mis ojos no parpadeaban, mis dedos tecleaban a la velocidad de la luz… no podía parar de disfrutar. La página en blanco se me antojaba perfecta; debía rellenarla con mis palabras, debía contar lo que sabía, debía…
“¡Es esto!”
Lo supe, supe que me había enamorado de una profesión, del periodismo, y decidí aprenderlo. El primer paso fue entregar al bueno de Carlos Moreno tantas reseñas como pude. Tantas, que tuvo que pedirme clemencia y moderación. El segundo paso fue terminar la carrera de Psicología y matricularme en Periodismo. El tercer paso, el definitivo, fue entrar por primera vez en una redacción. No hubo vuelta atrás.
Hasta ahora.
No tener empleo no es solo perder unos ingresos. Que nadie se equivoque. Lo que aterra es perder una vida. Perder tu identidad. Porque a mí, cuando me preguntaban, hasta hace seis meses decía: soy periodista. Ahora no sé qué decir. Y eso, cada vez que ocurre es un tremendo enredo. Ya ni siquiera atino al usar el pasado, el presente, qué sé yo…
¿Tiro mi carrera a la basura y busco trabajo de lo que sea? Oyes hablar de emprendedores. ¿Y si capitalizo el paro y monto algo?
Algo.
No es solo lo que sé hacer. Es lo que me gusta hacer. Pienso en momentos emocionantes de mi carrera y mi sangre deja de circular. Me paraliza el miedo.
“Nunca más volverás a trabajar en una redacción”. Repite conmigo, Silvia, “nunca más volverás a trabajar en una redacción”.
¿Seré capaz? ¿Seré capaz de vivir de otra manera? ¿Quién seré yo a partir de ahora? ¿Me gustará? ¿Me gustaré? ¿Le gustará a mi hija?

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